El viaje comenzó el martes por la tarde. Estábamos citados a las 17.45 en la estación de tren de Helsinki con todo el grupo. En total seríamos unas 25 personas, de los cuáles todos menos siete, eramos españoles. El tren salía a las 18.30 y tenía previsto llegar a Moscú a las 8.30 del miércoles. Disponíamos de cabinas con literas, que aunque no eran la comodidad personificada, se podía descansar bastante bien. Lo cierto es que ya conocía a casi todo el mundo del grupo y no muy tarde nos recogimos para dormir. Al día siguiente nos esperaba una intensa jornada de turismo.
Al llegar a Moscú, posiblemente lo que más impacta de primeras es el cambio de abecedario. En otros países, aunque no conozcas el idioma puedes leer carteles, rótulos y demás, aún sin saber la correcta pronunciación. Con el cirílico esa tarea se hace imposible. Una vez afuera de la estación de tren (una de las muchas que hay en Moscú) sorprende ver que cada edificio acabado en punta está adornado con una estrella roja en lo más alto.
Moscú es la ciudad más grande de Europa con una población de casi diez millones y medio de habitantes. Tuvimos la posibilidad de utilizar el metro en hora punta (las nueve de la mañana del miércoles) y aquello era un auténtico caos. En mi vida había visto tal concentración de gente en un metro.
Está claro que en un día no se puede visitar una ciudad de tales dimensiones. Nuestro viaje se centro en la visita al Kremlin y alrededores, el centro histórico, y ya por la noche un tour rápido por otras partes de la ciudad en autocar.
El Kremlin para mi fue bastante decepcionante. Una fortaleza roja amurallada con siete catedrales en el interior, todas ortodoxas un par de palacios y un arsenal. Pero nada comparado con la Catedral de San Basilio que está justo a las afueras, en la famosa Plaza Roja (que supongo que ya lo sabréis pero no es roja). Es la típica imagen que se tiene de la plaza roja, una catedral multicolor donde predomina el rojo y cuyas torres terminan en copa, simulando los antiguos cascos de los soldados rusos. Para mi el monumento más bonito de lo que vi en Rusia.
En la Plaza Roja también se encuentra el Mausoleo de Lenin, donde se puede visitar la momia del personaje ruso más famoso de la historia posiblemente. Lo tienen conservado brillantemente, tanto que no parece una persona si no un muñeco. Si no me dijeran nada pensaría que no es su cuerpo real.
Una vez en el centro de la ciudad te das cuenta que Rusia tiene aún más problemas con el inglés que la propia España. En el sitio más turístico del país te costaba encontrar gente que te pudiera hablar en inglés. Lo que conllevaba un auténtico show para intentar pedir comida, ni que fuera en un McDonalds.
Dicen que Moscú es la ciudad más cara del mundo. Yo la verdad es que no aprecié mucha diferencia con Helsinki por ejemplo. Incluso el McDonalds era más barato. Lo que si que se podía ver es un montón de coches de alta gama y bastante nuevos. La otra alternativa eran coches con más de 20 años de antigüedad, y algo de contraste entre gente muy poderosa económicamente y gente con dificultades para llegar a fin de mes. A las afueras de la ciudad por ejemplo, la gente vive en barracones.
Del metro de Moscú también se dice que es de los más bonitos del mundo. El metro es muy extenso y si que es cierto que algunas paradas están muy bien decoradas, con estatuas y con motivos históricos de las revoluciones. Los rusos lo quisieron así para motivar a la gente de a pie que utilizaba el metro a diario.
Después de un intenso día turístico, volvimos a la estación por la noche para coger el tren que nos llevaría a San Petersburgo tras ocho horas de viaje. Viniendo desde Moscú, la primera sensación es que no te has movido puesto que la estación es exactamente igual que la de la capital.
Sobre San Petersburgo, en mi opinión, es una ciudad más bonita, más tranquila y también más pluricultural. Por así decirlo yo compararía Madrid con Moscú, y Barcelona con San Petersburgo, salvando las diferencias y teniendo en cuenta que ambas ciudades rusas son más grandes que las españolas. San Petersburgo fue creada a principios del siglo XVIII por Pedro el Grande, y aunque la llaman la Venecia del Norte por la cantidad de canales que tiene, a la hora de construir la ciudad se inspiraron en Amsterdam.
Allí pasamos tres días, con lo cual pudimos conocer la ciudad con más detenimiento. El centro es totalmente espectacular, donde se puede encontrar entre otras cosas el Museo del Hermitage (tercero más grande del mundo según nos dijeron), el Palacio de Invierno, la Catedral de Nuestra Señora de Kazán, la Catedral de San Pedro y San Pablo, la Catedral de la Santa Trinidad, o para mi la más espectacular, la Catedral de Nuestro Salvador en Sangre (traducción literaria, no sé como será en castellano) que es del mismo estilo que la Catedral de San Basilio en Moscú, pero con otros colores, y lo más importante, por dentro está entera decorada con mosaicos.
Posiblemente el sábado fue el día más intenso. Fuimos a una comida en una especie de palacete que pretendía simular una comida de los antiguos tzares, aunque dudo que los tzares se alimentaran de lo mismo que nos dieron a nosotros. Pero en la misma comida, vivimos un espectáculo de polka rusa, muy interactivo, donde reímos y cantamos como críos. Y después de una tarde de visita cultural al Hermitage, por la noche alquilamos un par de limusinas para dar un paseo por la ciudad y acabar en uno de los muchos pubs de la ciudad rusa.
En esta ciudad también se podía ver a gente con alto poder adquisitivo. Paseando por la noche un día vimos a tres chicas paseando por la ciudad... montadas a caballo. Lo normal parece ser.
En resumen el viaje fue muy divertido, en especial por el grupo de gente que juntamos. Sobre los rusos, igual es muy precipitado, pero la sensación es que la gente es bastante maleducada, borde y no les gusta mucho los extranjeros. Otra anécdota fue que me intentaron robar en el metro de San Petersburgo, justo cuando el ladrón (que trabajaba en equipo) metía su mano en mi bolsillo me di la vuelta y se la saqué. Afortunadamente no se llevaron nada.
Y por hoy no quiero despedirme sin antes decir que ayer por la noche y durante el día de hoy ha estado nevando en Helsinki. Tampoco es que se sienta muchísimo frío ya que no hay viento, pero es bonito empezar a ver paisajes teñidos de blanco. Y para acabar, sabed que en semana y media ¡me voy a Laponia! Ciao.

2 comentarios:
Albertooo todo esto lo sacas de la carpetica de gomas azules que te llevas y vas guardando los apuntes no :).
Vaya usted preparando mi cama,.. colchón,.. manta,.. cojín,.. espacio.
Cómo lo petas, oye!
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