domingo, 14 de diciembre de 2008

Laponia, la verdadera Finlandia

Cuando uno piensa en Finlandia, le viene a la cabeza nieve, bosques, lagos y cabañas. A excepción de unas pocas ciudades no muy pobladas, en esencia eso es lo que es Laponia, la Finlandia profunda (más información aquí).

Del 1 al 7 de Diciembre y a menos unos cuantos grados bajo cero, pude disfrutar de tan pintoresco entorno, realizando un sinfín de actividades. Posiblemente haya sido por el momento el mejor viaje turístico en mi vida. Veremos si se puede superar.

En realidad no fueron siete días. El motivo es que Laponia es la región más al norte de Finlandia, y desde Helsinki hasta Inari (nos íbamos a hospedar cerca de esta ciudad) hay como 15-16 horas en autobús, sin duda la única parte negativa del viaje. Aunque viajábamos de noche, los autobuses no están precisamente bien adaptados para permitir el sueño a personas medianamente altas.

El viaje comenzó el Lunes día 1 a las 20.00 horas. Después de infinidad de paradas para recoger a gente de otras ciudades alcanzamos Rovaniemi a las 10.00 del Martes. Rovaniemi es la capital administrativa de la Laponia Finesa. Se sitúa muy cerca de la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico y es considerada la entrada a Laponia. Allí nació el líder y cantante del grupo finés Lordi, que muchos recordaréis como los ganadores de Eurovision hace dos o tres años, aquellos "heavys" totalmente disfrazados que cantaban "Hard Rock Halleluja!".







Tras una breve parada para echar un vistazo por la ciudad y desayunar, nos dirigimos al museo más importante de la ciudad, el Artikum, dedicado a Laponia y a la historia de la cultura Sami. Los Sami son la población aborigen de Escandinavia que vive en la región de Laponia (parte de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia). Suelen vestir con ropas muy pintorescas (más adelante pondré fotos) y se tradicionalmente se han dedicado a la pesca, la caza de renos y la artesanía. Aunque por supuesto siguen conservando muchas tradiciones, muchos suelen llevar una vida bastante parecida a la nuestra, aprovechándose de las ventajas de la tecnología.

Empapados en cultura lapona, nos dirigimos a lo que seguramente sea la atracción más conocida de Rovaniemi (en verdad está a las afueras), el "Santa Claus Park". Como podéis imaginaros es un sitio turístico especialmente diseñado para niños, pero donde los adultos también pueden disfrutar. Exactamente la línea del Círculo Polar Ártico divide justo el edificio donde vive Papa Noel en dos. Allí puedes encontrar elfos o duendes, los ayudantes de Santa, renos y en invierno nieve, mucha nieve. Los edificios también son bastante peculiares, todos acabados en copa imitando el sombrero de los mencionados elfos.







Y por supuesto, entramos en la casa de Santa para saludar. Me pareció que no estaba de muy buen humor en aquel momento, pero se comprende viendo su trabajo. Tampoco debe estar muy orgulloso de nosotros, puesto que le "robamos" la foto. La más pequeña valía 25€, pero coincidía cuando salimos que estaban poniendo un vídeo de nuestros momentos con Papa Noel, así que uno de mis compañeros saco su cámara y le hizo la foto a la imagen cuando estábamos sentados con él. La calidad no es la mejor, pero tenemos foto con Papa Noel gratis.



Llegamos sobre las 20.00 a la cabaña donde nos debíamos alojar en Vasatokka, una aldea con cuatros cabañas y tres edificios con dormitorios dedicada prácticamente a dar alojamiento a turistas. La aldea está a 12km de Inari, una de las ciudades más al norte de Finlandia, cerca del lago Inari, de los más importantes y que por la época estaba congelado. Una vez allí tocaba la actividad más común en Finlandia, sauna y baño en el lago. Lo cierto es que es una locura. Imaginad estar a unos 80ºC dentro de la sauna, a punto de estallar de calor, y rápidamente salir al exterior, donde posiblemente haga -10ºC, correr unos 30m y tirarte a un lago helado, donde previamente se ha hecho un agujero a modo de piscina. Muchos cambios de temperatura en poco tiempo, y la sensación después del baño es tremendamente satisfactoria. Te sientes como nuevo y aunque estés desnudo y caminando sobre la nieve, no sientes frío ninguno. También está la otra modalidad que es tirarte sobre un montón de nieve, aunque en este caso si que sientes como se te congela absolutamente todo el cuerpo. Lamentablemente no tengo fotos mías pero si de algunos de mis compañeros de cabaña.






De la última foto decir que yo fui el cocinero oficial de mi cabaña (así me evitaba de limpiar), y la dieta diaria de comida y cena fue... ¡si, pasta! Fácil y rico, comida ideal para nueve europeos (tres alemanes, dos suizos, un belga, un eslovaco, un mexicano y yo mismo) hambrientos.

A la mañana del miércoles empezaban de verdad las actividades. Primero visita a una granja de renos a las ocho de la mañana. La peculiaridad de esta granja era que los dueños eran una familia Sami, y nos introducieron un poco más en su cultura y quehaceres. A parte de poder alimentar renos y degustar un café en una taza de madera artesanal, la matriarca de la familia nos deleitó con unas cuantas canciones típicas laponas. Claro está no entendimos nada pero fue divertido.










Sobre los renos, la verdad es que esperaba animales más grandes y un poco más salvajes. Podías acariciarles y hacerles cualquier tipo de perrerías, que ni se inmutaban. Aunque parezca mentira, las primeras fotos son entre las 9.00 y las 10.00 de la mañana, y es que sólo teníamos unas cinco horas de sol (por llamarlo de alguna forma, porque claridad poca).

De vuelta a Vasatokka nos quedaba la actividad de "Cross-country Ski" (o esquí de fondo) para terminar la mañana. Pensé que iba a ser más aburrido, pero la verdad es que estuvo bastante bien. Eso si, es bastante agotador. Pero por lo menos era bastante fácil de manejar. Tras unos quince minutos de tutorial, puedes esquiar sobre llano sin problemas. Lo más complicado las subidas y bajadas, pero bueno, caerse en la nieve no es muy doloroso.





Por la tarde más sesión de sauna, lago y pasta como todos los días.

El jueves nos tocaba el curso de supervivencia en Laponia, que incluía "Ice-fishing" (pescar en el lago helado), construcción de cabañas heladas (una especia de iglús) y orientación por el bosque.

Pescar ha sido siempre una actividad que nunca me ha llamado la atención, pero en este caso era un poco más divertido. Nos situábamos en un lago helado cerca de la aldea, con una especia de punzón gigante teníamos que hacer un agujero de unos quince centímetros de diámetro en el hielo, y con una caña de pescar que parecía de juguete y paciencia intentar sacar algún pececillo de su escondite. Lógicamente no pesqué nada... pero no fui el único. De las veinte personas que íbamos en el mismo grupo, sólo tres pececillos, y dos los pescó la misma persona.

La construcción de cabañas de nieve era mucho más sencillo. Decir que no son iglús, ya que no se construyen a base de ladrillos helados. En Laponia es más típico, a partir de una montaña de nieve, ir sacando nieve de dentro hasta dejar un espacio habitable para resguardarse del frío. Podéis imaginar la guerra de bolazos utilizando palas además que empezamos con la nieve sobrante.

La actividad de orientación consistía en calzarse con raquetas de nieve, y a partir de un mapa y una brújula tratar de alcanzar los puntos en el mapa. Allí nos esperaban sencillas preguntas que aunque respondimos correctamente no obtuvimos premio ninguno. La aventura fue encontrar el último punto, con un mapa mucho menos señalizado. Después de dar vueltas sobre un pequeño lago durante mas de treinta minutos, nos dimos cuenta de que estábamos en el sitio incorrecto. Pero finalmente alcanzamos el objetivo, aunque de vuelta al punto de encuentro se nos hiciera de noche. La sensación de andar con raquetas de nieve es bastante especial. Aunque hay caminos marcados, puedes trazar otras rutas sobre la nieve virgen, todo y que es bastante más agotador.










El viernes posiblemente fue el día más especial, no por cómo empezó pero si por cómo acabó. Primero madrugón para coger el autocar y desplazarse hasta el Océano Ártico, en las costas de Noruega. Alrededor de 5 horas de viaje, con varias paradas en puntos claves como el punto más alto de Finlandia o el río que determina la frontera entre Finlandia y Noruega. Sobre las 13.00 llegamos a Bugoynes, un pueblecito costero al norte de Noruega. En esta zona es muy típico que cada casa sea de un color diferente a las de los vecinos, lo que da como resultado unos pueblos muy coloridos. El Océano Ártico, a diferencia de los ríos y lagos de la zona, no está congelado, y es que la alta concentración de sal no lo permite todavía. Cuando salimos del autocar para visitar la ciudad, algunos valientes se tiraron al mar, pero yo no fui uno de ellos.









Tras cinco horas más de regreso a la cabaña, empezamos nuestra sesión de sauna diaria. Cuál fue nuestra sorpresa que empezamos a oír voces del exterior exaltadas. Rápidamente salimos y pudimos ver unas luces verdosas en el cielo, como la estela de un avión. En efecto eran Auroras Boreales, pero se veían con muy poca claridad debido a que no era lo suficientemente tarde (alrededor de las 20.00). Durante los tres días anteriores fue imposible divisar este fenómeno, ya que estuvo nublado todo el día, pero el viernes, nuestra última noche allí las nubes desaparecieron en parte. Sobre las 24.00 pudimos ver un auténtico espectáculo en el cielo. Seguramente lo más impresionante que jamás he visto. En ese momento el cielo estaba todavía más claro, las auroras se veían verde fosforito, y en algunos momentos hasta rojas. El movimiento y como se expandían era impresionante. No hay palabras para describirlo. La verdad es que es una experiencia que se la recomiendo a todo el mundo. Ir a Laponia sólo para ver esto, merece la pena. Nosotros tuvimos mucha suerte, ya que la probabilidad de ver auroras en invierno es bastante baja, pero al final lo conseguimos.






El sábado, después de dejar Vasatokka nos dirigimos hacía Saariselkä, una ciudad con muchas atracciones turísticas como una estación de esquí, spa, safaris por la nieve con huskys o motos de nieve, etc. Debido a lo poco económico de las actividades, yo me dediqué a pasear por la ciudad contemplando la naturaleza y por la tarde visitar el spa. Aquel día posiblemente fue el más frío, alcanzando los -17ºC por la mañana. También me permití el lujo de comer en un restaurante una exquisita carne de reno. El sabor se podría definir entre cordero y ternera, diferente, pero muy bueno al mismo tiempo.






A las 18.00 partimos hacía Helsinki. Nos esperaban otras quince horas de viaje en autocar, pero seguramente debido al cansancio acumulado durante esa increíble semana, pude dormir algunas horas durante el viaje.

Para acabar, simplemente recomendar a todo el que lo lea un viaje a Laponia alguna vez en la vida. Vuelvo a repetir, que sólo por ver Auroras Boreales, vale la pena.

Un saludo!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya temperaturas!! Y el Sñr. Alberto alias "Pachi" en tejanos.

jajaja Graaande

PD:¿Has localizado algún Gallifante?

Un abrazo,
Albert B.

Alberto dijo...

Jajajaja

Es que no sabes el secreto, debajo llevo calentadores!!! Sin eso no habría sobrevivido!

PD: Los gallifantes desfasan mucho...