martes, 16 de septiembre de 2008

Viaje a Estocolmo

Bien, mi aventura comienza con un viaje en avión Girona-Estocolmo el viernes 29 de agosto de 2008. Después de leerme y releerme las condiciones de vuelo de Ryanair, decidí facturar una maleta y llevar otra como equipaje de mano. La maleta facturada no podía pesar más de 15kg, y la bolsa de mano más de 10kg.
Así que la tarde anterior, y con la colaboración de mi madre, mi prima Ana y una báscula, estuve intentando compensar pesos para que me cupiera todo el equipaje. Tuve que acabar por prescindir de algunos pantalones cortos (aún tenía esperanzas que quizás en Helsinki se podría ir a la playa) y cualquier tipo de comida o bebida.

Cuál fue mi sorpresa al día siguiente en la terminal, que ni siquiera me pesaron las maletas... Pero el viaje debía continuar, y ya quedé en que me enviarían lo que me hiciera falta por correo (que por cierto, aún estoy esperando recibir ese lomo de León y ese queso de Villalón de Campos).

Sobre el aeropuerto de Girona-Costa Brava, sólo decir que está totalmente monopolizado por Ryanair, cuyos aviones se caracterizan por ser autobuses con alas. Lo que conlleva que los asientos no son excesivamente grandes que digamos.
Pero en ese aspecto tuve algo de suerte. Nada más entrar al avión vislumbré una fila de asientos al lado de una salida de emergencia bloqueada por una azafata. Mi experiencia con otras compañías de bajo coste me decía que esos eran los asientos más cómodos con lo cual, me dirigí hacia la azafata (bastante guapa, por cierto)a preguntarle si podía ocupar esas butacas.

Su contestación fue tajante: "¿Hablas inglés?"

Tras pensarlo un segundo, contesté decidido con un perfecto español: "Si, claro".

Total, todo ese tiempo invertido en ver películas en versión original tenía que haber servido de algo...

Más tarde entendí a que venía esa pregunta, y es que resulta que las instrucciones para abrir la puerta de emergencia te las dictan en el lenguaje de Shakespeare. Lo que no supo nunca la azafata es que cuando llegó mi turno, yo ya había estado atento a la explicación de las otras tres filas de emergencia, por lo tanto, partía con ventaja. Cuando te repiten cuatro veces lo mismo, ya sea en inglés o en finés, te acabas enterando (bueno, en finés tal vez no).

Tras tres horas de vuelo ya estaba en tierras suecas, pero no aún en Estocolmo, pues resulta que Ryanair trabaja con un aeropuerto que está a unos 80km de la capital. Así que tuve que coger un autobús para llegar a Estocolmo que me costó la friolera de 150kr (coronas). Gracioso, por el simple motivo que llevaba 400kr para pasar todo el fin de semana. Primera señal de que los países nórdicos son caros, no es una leyenda.

Una vez en la estación central de Estocolmo, me debería haber estado esperando Cristina, pero por causas ajenas, llegaba tarde (algo que perdono sin duda, y desde aquí te vuelvo a dar las gracias por darme cobijo durante esos días. Ya sabes que voy a volver igual el mes que viene, y que tu y tus colegas tenéis sitio en Helsinki cuando queráis). Durante el tiempo de espera me empezaba a dar cuenta que el color dorado en las cabezas de los suecos es algo común.

Durante esa tarde de viernes y la mañana siguiente me dediqué a visitar la ciudad. Afortunadamente no estaba sólo. Cristina y todos sus compañeros Erasmus no podían acompañarme, ya que el sábado por la mañana tenían examen de sueco. Pero por suerte, unas chicas zaragozanas (Isabel y Clara), amigas de Luis, vecino de Cristina estaban de visita también esos días.



Sobre Estocolmo, decir que es una ciudad preciosa. Puede que la más bonita que haya visto en mi vida. La verdad es que no tengo ni idea de arte ni de arquitectura (desafortunadamente), pero si puedo decir que parece una ciudad muy acogedora, con un montón de zonas verdes, y aún más monumentos y edificios emblemáticos.



La ciudad está edificada sobre catorce islas, y la sensación de fusión con el agua es espectacular. También la llaman la "Venecia del Norte".



En esta última foto se puede ver el ayuntamiento. El sábado por la mañana hicimos una visita guiada, y la verdad es que fue bastante interesante. Por dentro es espectacular, y también es el lugar donde se celebra la cena después de la entrega de los premios Nobel. A mi parecer lo más curioso es que la torre es un metro más alta que la del ayuntamiento de Copenhague, por cuestiones de guerras históricas entre los dos países.



La verdad es que me quedé con las ganas de ir a visitar el Museo Vasa (clickar aquí para más información). Pero como sin duda voy a volver durante estos cinco meses, pues tampoco me preocupa demasiado.

Por la noche montamos una fiesta en casa de Cristina, catorce o quince españoles y dos austriacos. Había que celebrar que habían terminado de estudiar sueco. Montamos un Twister gigante en el suelo. La verdad es que lo pasamos en grande. Al final no fuimos a ningún pub ni nada, pero las risas fueron la tónica dominante de la velada (hasta altas horas de la madrugada, creo recordar que se hacia de día).



Al día siguiente me esperaba mi viaje en barco hasta Helsinki...

2 comentarios:

Carlos Giacomelli dijo...

grande! yo en Estocolmo pasé apenas un día entero, y a -20 grados y con viento, por lo que más bien recuerdo que tenía la nariz helada, y poco más... aún así coincido contigo en lo de que es una ciudad maravillosa y para volver...en agosto, si eso!

nada, que saludos, que espero más entradas en tu diario de bordo, y que ojo no me presente por allí algún día....
Moi moi,
Giaco!

Alberto dijo...

Buenas Giaco.

Estas invitadísimo si te da el venazo. Habla con los tres mosqueperros, que en teoria tienen intención de venir también.

Por cierto, tu blog es muy grande!

Moi moi!